viernes, 13 de noviembre de 2009

TEORIA DE LA OPINION PÚBLICA. Niklas Luhmann

Por: Xavier Montero C.

Abundan quienes confunden la opinión pública con las instituciones que la representan, sin reparar en que, como aquí se afirma, es la institución democrática por excelencia. A menudo olvidamos que ella instituye, confiere el poder en los regímenes ejercidos en nombre “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Si no lo recordamos a menudo, cabe el riesgo de que acabemos delegando no sólo la representación, sino también el ejercicio de la soberanía popular en quienes dictan los titulares mediáticos, dirigen los centros de encuestas o acaparan los resultados electorales.

La opinión pública es manipulada por los mismos de siempre, que son aquellos que tienen el poder y generan la información de acuerdo a sus propios intereses limitando de esta manera a la opinión a sus menesteres. En ocasiones esta opinión es simplemente una encuesta que pretende saber cantidades de personas adscriptas a ciertos partidos políticos o a ciertos productos por lo tanto termina en un sí o no de la ciudadanía. Es por esta razón que el pueblo poco participativo en la democracia casi siempre termina dándole el poder aquellos que manipulan la información.

En ocasiones los que manejan el cuarto poder son quienes traducen a su manera la opinión del ciudadano que se hace presente en las encuestas, por lo general las empresas de publicidad son las que dan la información que les interesa vender al empresario. Es impresionante ver cómo cada día la opinión pública ha tomado mayor auge a la vez que es objeto de debates entre miles de personas interesadas en lo que piensan los demás.
La búsqueda constante de información ha llevado a que no se tome en cuenta realmente el parecer de las personas y se ha dado muestra de que se debe responder, tal situación conlleva a pensar que ya no importa propiamente lo que piense la ciudadanía sino lo que hay que vender.

Para Luhmann las sociedades contemporáneas son cada vez más complejas, como consecuencia de la mayor especialización y diversificación funcional. Este proceso creciente podría hacer estallar el propio sistema, en la medida que los individuos perciben cada vez menos dicha complejidad –menos aún la globalización-, teniendo, por tanto, a regirse por criterios muy particulares y minifundistas. Ante esta situación el sistema demanda un mecanismo reductor que canalice las fuerzas centrifugas sicosociales, produciéndose de esta manera las observadas simplificaciones globalizantes.

Es este papel funcional el que le consigna el autor a la opinión pública. A ésta el autor alemán la identifica como un espejo, en la medida en que no es más el reflejo de los pocos observadores. Es decir, como un haz de luz que focaliza y concentra la atención en un escenario. La mirada se concentra en un solo punto, así no sea este relevante, permitiendo que todos compartan un tema en común.

Comenten compañeritos!!!!

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