La espiral del silencio es un modelo que explica porqué la gente está poco dispuesta o indispuesta a expresar sus opiniones en público cuando son minoría; como forma de control social hace que estos individuos noten casi por instinto, las opiniones de los medios que los rodean, los mismos que intentan amoldar su comportamiento a las actitudes que prevalecen sobre lo que es aceptable. Cuanto más cercana sea la opinión de un individuo respecto a la opinión pública prevaleciente, él estará más dispuesto a dar abiertamente su opinión en público. Sin embargo, la si la distancia percibida entre la opinión pública y la opinión personal crece estará menos dispuesto a dar su opinión.
Según Noëlle-Neumann, esta espiral de silencio se generaría por una necesidad -biológica- del ser humano de ser socialmente aceptado y por un temor al rechazo y al asilamiento que lo lleva a querer pertenecer a la mayoría.
Rubén Dittus redefine esta teoría de Noëlle-Neumann añadiendo que esta necesidad y temor no es biológico sino que es una construcción social. Es una necesidad y un temor creado por la misma sociedad, en otras palabras, no es instintiva, sino es un imaginario social.
Para profundizar en esta última idea y poder diferenciar aun mejor estas dos posturas me basaré en la historia de Herodoto [1]: Los Scythos acostumbraban a quitar los ojos a los esclavos con el fin de dominarles y mejor someterlos a su esclavitud. De esta manera los condenaban de por vida a las labores del ordeño. Un día sus dominadores partieron de Grecia en expedición al Asia y fueron retenidos durante una generación completa. En esa generación nacieron los hijos de los esclavos con los ojos abiertos. A partir de su mirada al mundo descubrieron que no había razón para ser esclavos pues nacieron iguales a sus amos lejanos y con los mismos atributos. Las mujeres con la educación se encargaron de enseñar a sus hijos que ellos eran iguales a sus amos. Al regreso los amos se enteraron de la revuelta de los ordeñadores y supieron que los esperaban con flechas y lanzas. Los esclavos estaban dispuestos a liberarse de la esclavitud pues se habían visto y sabían que eran iguales. Los dominadores también se armaron para combatir la rebelión pero un guerrero de los Scythos propone dejar las armas y tomar el látigo pues piensa que ellos durante cientos de siglos han estado acostumbrados a éste. Si los enfrentan con armas ellos creerán que son iguales mientras que con el látigo, ellos regresan al puesto que ocupan antes y comprendiendo esto cederían; esa es la lógica del enfrentamiento.
En esta historia se puede distinguir dos posturas: los amos y los esclavos. Los primeros queriendo restablecer un orden y los otros queriendo romperlo para liberarse. En esta historia se evidencia fácilmente que el temor no es un sentimiento instintivo sino creado en el imaginario social.
Si el temor de los esclavos hacia sus amos fuese instintivo tal vez hubieran tenido más posibilidades de romper con ese orden que los oprimía, pero el imaginario es más fuerte que la realidad y cuando los Scythos utilizaron látigos en vez de armas, penetraron en su imaginario social y les recordaron su inferioridad. Aquí radica la lógica perversa que acompaña a la espiral del silencio.
El problema de la espiral del silencio no está en superar esas necesidades y miedos supuestamente instintivos, sino romper con esos caracteres serviles que constituyen nuestro imaginario social. En otras palabras las dicotomías superior-inferior, verdad-mentira, bueno –malo, correcto-incorrecto, etc. Si hacemos lo que socialmente es correcto, seremos buenos. Si somos buenos, la verdad está de nuestra parte. Si tenemos la verdad estamos por encima de los que no la tienen. Éste es el problema de la espiral del silencio: el instinto no te calla, sino el imaginario. Por instinto no sabemos lo que es bueno y malo, pero nuestro imaginario está constituido por estas divisiones y nosotros sabremos responder según éste.
A modo de conclusión, aunque nuestra opinión difiera de la mayoría no debemos renunciar a ésta, sino debemos sustentarla. Aunque haya un discurso hegemónico que intenta justificarse, debe haber otro discurso contra-hegemónico que denuncia y subvierta el discurso hegemónico y sus correspondientes prácticas, generando y proponiendo nuevas reglas y prácticas, sin importar ser la minoría.
[1] Herodoto, REVOLTE DES ESCLAVES, Paris, Ed PUF, 1975
No hay comentarios:
Publicar un comentario