El artículo desarrolla un análisis crítico de la teoría de opinión pública conocida como la espiral del silencio. En el cual el autor parte de cuatro puntos básicos “primero las personas tenemos un miedo innato al aislamiento; segundo, la sociedad amenaza con el aislamiento al individuo que se desvía; tercero, como consecuencia de ese miedo, el individuo intenta captar corrientes de opinión; y cuarto, los resultados de ese cálculo afecta la expresión o el ocultamiento de las opiniones. Sin embargo, estos supuestos se pueden resumir en un solo razonamiento: la opinión pública es entendida como un mecanismo social que hace posible la cohesión y la integración de los grupos humanos”[1].
Los sentimientos que las personas adoptan como algo natural, como el miedo, no es más que una construcción social formada por experiencias, tradición cultural, mitos, elementos simbólicos, y que la mayoría son difundidos verbalmente con el fin de controlar las actitudes de los miembros de una institución.
Dittus afirmar que el ser humano biológicamente quiere ser aceptado y teme el rechazo de sus pares tiene una connotación esencialista. La autoprotección social que reflejaría el denominado miedo al aislamiento es sólo una reacción institucional, apoyada por los medios de comunicación como recreadores simbólicos de la realidad y por las emociones que actúan como dispositivos de control social.
Los medios de comunicación y la globalización ha hecho que los sucesos que acontecen alrededor del mundo podamos de alguna manera constatar por medio de las imágenes y transmisiones de información en la vida diaria, creando en los receptores nuevos retos, temores, aspiraciones y cambios en su ideología.
Para bien o para mal nos impulsan a un orden global que nadie comprende, pero todos sentimos sus efectos. La impotencia que experimentamos frente a la forma en que están normados refleja las instituciones. Necesitamos crear nuevas formas de vinculación y respeto entre concesionarios y la ciudadanía.
En otras palabras, la opinión pública no es más que un imaginario social, al igual que las emociones o la noticia, pero elevada a la categoría de institucional.
[1] Dittus Rubén, La opinión pública y los imaginarios sociales: hacia una redefinición de la espiral del silencio
POR: María Belén Torres Bueno
8vo. Desarrollo Noche
UPS
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