lunes, 9 de noviembre de 2009

La opinión pública: entre ficción y realidad

David Arcos

El espacio público está en un proceso de saturación informativa en que el uso de imágenes, sonidos, palabras, entre otros factores, corren el riesgo de invisibilizar a grupos subalternos y minorías que por no presentarse en los palcos mediáticos, sino operar bajo orientaciones alternativas, pierden la legitimación de su discurso frente a la “opinión pública”.

La televisión entre los principales medios de comunicación masiva se asume el papel de medio por el cual las personas se sienten “representadas” por poder participar y proyectarse a través del medio. Sin embargo mas allá de un supuesto interés público están los poderes mediáticos e institucionales que por acción o por omisión tienen el poder de la manejar la información, reforzando el poder que de quien o quienes pretenden manejar la llamada opinión pública.

Este trabajo no pretende satanizar a las nuevas tecnologías de la información, ya que pueden ser tomadas como auxiliares capaces de dar más derechos a la ciudadanía, transparentando el sistema institucional, sino dejar claro que bajo la necesidad de mercado que aliada a la necesidad de control y dominación, los medios se convierten en poderosos mecanismos de fabricación de públicos. Y esto a su vez se debe a que éstos están lejos de cumplir su papel de mediadores entre el sistema político y la sociedad, como formadores de la conciencia crítica de los ciudadanos y generadores de la movilización social.

El supuesto de que los medios de comunicación son actores sociales fundamentales en la construcción de “lo real” y de lo “imaginario” nos lleva a pensar que lo que acercan los medios es una realidad parcializada, no neutral ni desligada de intereses de distinto orden. Legitiman el poder, definen identidades e imaginarios. No determinan la opinión pública, pero sí la reproducen, propagan y hasta a veces la modulan.

Desde esta perspectiva también se puede pensar en una recreación de la realidad por parte de los medios masivos ya que estos tienen la capacidad de crear un mundo de ilusión que lleva a una confusión entre las fronteras de lo real y lo imaginario. Gran parte de esto se puede atribuir a que las nuevas tecnologías no han conseguido eludir la lógica del poder. Y es en el poder y en los innumerables intereses y formas de control, de dependencia y de paternalismo que debemos encontrar los factores que impiden un uso más transparente, abierto y democrático de los medios.

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