Oscar Peñaherrera
OPINION DE OPINIONES
Cuando se trata de opinión pública, solo los elegidos tienen la palabra. Uno se pregunta: ¿Cuan sabio será esa persona para validar su opinión? Y nos sujetan a su pensamiento como si fuese el único al respecto. Muchas veces utilizamos en nuestro discurso, o escuchamos en otros discursos, el hablar de nosotros y manifestar de forma generalizada la opinión individual, egoísta o caprichosa.
A eso no podemos darle una pluralidad, pero los canales que los llevan a pluralizarlos son los más peligrosos; estamos hablando de medios de comunicación masivos que llevan de lo individual a lo plural. De lo particular y superficial a lo general y vano.
Cuando en las encuestas de opinión se llaman a la conciencia ciudadana, mediante porcentajes, lo único que estamos formando es "adepto". En todo el sentido de esta palabra: "adeptos" que por una mayoría se suman a la corriente. Entonces como podemos hablar de poder de opinión o de "Líderes de opinión" como se definen por allí.
Quien tiene los medios necesarios y suficientes para poder expresarse de forma generalizada, es quien tiene el poder de decidir por los demás. Porque la modernidad de tiempo, no espera la reflexión; sino más bien un mercantilismo de las conciencias. Una especie de barata del criterio de cada persona, que se lleva al mejor postor o al que mejor paga. Como una ruleta de criterios y el que mejor pinta se lleva el mío.
No existe opinión pública, como dice la lectura de Pierre Bourdieu. Y yo sumo a esas palabras, de que si existe opinión, pero no es pública, es privilegiada y manejada. Bajo una mirada de balanceo mental en la ciudadanía, en los jugadores de los medios de comunicación y de las noticias de opinión., que nos llevan de la mano a la peor decisión: sí, yo también estoy de acuerdo.
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