David ArcosPara responder a esta pregunta es necesario remontarse a 1930 en adelante, cuando en Estados Unidos y posteriormente en el resto del mundo se pensó que a partir de un reducido número de personas y con márgenes de error pequeños se podía conocer las ideas, sentimientos y expectativas, de toda una población. A esto se lo conoció como sondeos de opinión.
Sin embargo en la década del 40, Hebert Blumer, sostuvo que no es posible crear una ciencia sobre la opinión pública a base de resultados de una encuesta, ya que la opinión no puede ser cuantificable. La opinión pública no es una simple suma de opiniones individuales y la sociedad no es una mera colección de individuos aislados.
Si esto es así, nos preguntaremos ¿para que sirven entonces las encuestas de opinión pública?
Estas son útiles para recoger conocimientos e informaciones del público, pero tienen problemas para abordar opiniones y esto se debe a que una opinión no puede ser reducida a un sí o no cuantificable. Dentro de una opinión hay muchos matices culturales, políticos, psicológicos, etc. Además hay razones económicas, políticas y técnicas que ponen en duda la legitimidad de cualquier encuesta de opinión pública, ya que si está subordinada a intereses se intentará a través de las respuestas crear una ilusión de que existe una opinión pública que legitime una acción determinada. Y esto se da porque todo ejercicio de poder va acompañado de un discurso que lo justifica.
Asimismo, no podemos olvidar que los grandes poderes están legitimados por personas y grupos más no por pueblos. El pretender medir la opinión pública ha hecho que minorías creen mayorías artificiales para justificar determinadas acciones a favor de sus intereses, bajo el supuesto: “lo hice para todos”.
Entonces ¿se puede o no medir la opinión pública?
No bajo el supuesto de que la opinión de un sector por más que sea mayoritario, reflejará la opinión de todos, ya que esa mayoría podría ser creada desde y para una parte de la sociedad, arrebatándole “al otro” su derecho a opinar. Además en una encuesta puede haber respuestas que no se podrán encasillar para ser cuantificadas, sin contar también con los no-contestan que siempre son marginados, como si éstos no proporcionaran información por no ser discursos explícitos.
Para concluir, las encuestas de opinión tienen un grave error de muestra, además de mostrar muchas veces un desinterés por “el otro”. En el mejor de los casos, sólo toman en cuenta algunos sectores principales que por lo general son los que “demuestran” la opinión nacional. Sin embargo no se puede tomar sólo a un sector como referente y tampoco se puede dar una descalificación de la calidad de opinión de aquellos que no conforman el centro hegemónico.
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