lunes, 16 de noviembre de 2009

OPINION PÚBLICA, LA BANDERA DE LA DEMOCRACIA

Ensayo en base al prólogo del texto: La opinión pública. Teoría del campo demoscópico. De: Giorgio Grossi
Por: Isabel Paredes

La opinión publica es una construcción simbólica central de la democracia, pues que sería de ésta sin el consenso y la opinión de la gente que conforma un estado democrático. La democracia tiene como principal institución a la opinión publica, por lo tanto es preciso un abordaje institucional de la opinión pública para entender su papel en un estado democrático como lo conocemos hoy en día.

Giorgio Grossi, en su texto “La opinión pública Teoría del campo demoscópico” sostiene que la opinión publica es representada institucionalmente por periodistas, encuestadores y políticos, en la medida en que éstos pueden dar la fuerza a la opinión, pero también advierte el riesgo de éstos a traicionar su sentido, reduciendo la opinión publica a resultados numéricos y porcentajes sacados de sondeos de opinión o encuestas. De esta manera, estos representantes tienen la posibilidad de manipular estos resultados a favor de sus intereses privados, haciendo parecer sus opiniones, como que fueran de carácter colectivo.

Por esto, el poder que tiene la política, los medios de comunicación y los sondeos de opinión en la democracia puede ser un poder tiránico que rompa (sin ser del todo evidente esta traición) con todo principio democrático en si, y disfrazando su hacer bajo la bandera de la democracia intenten monopolizar la opinión pública. Este es un riesgo real que sufre la democracia que muchas veces no es más que pura manipulación de opinión y no consenso real.

Sin embargo, Grossi identifica que la opinión pública es una construcción simbólica entendida en el doble sentido, como un resultado pero también como un proceso. Muchas veces cometemos el error de aceptar como totales y verdaderas las conclusiones que se hacen de sondeos de opinión o de encuestas electorales por ejemplo, según Grossi, estas son cristalizaciones de esta construcción simbólica que “hacen visible siempre de forma parcial y contradictoria, el magma de una deliberación colectiva y constante, mucho más rica en modulaciones y portavoces”. Pero también hay que reconocer, como lo hace el autor, que “los medios, los sondeos y las urnas debieran considerarse tanto una decantación provisional como el motor de más debates”.

Para gobernar en democracia es necesaria la opinión pública, de que otra manera se podría representar a la mayoría si en ésta no existe un consenso sobre su opinión publica. A mi modo de ver, hasta cierto punto la opinión publica es una construcción (y en esto difiero con el autor) que está hecha para legitimar los procesos democráticos, y que muchas veces no representa a los intereses reales de los gobernados, sino a los intereses particulares de quién gobierna. Como podemos ver en nuestros países democráticos latinoamericanos, en donde la opinión publica direcciona a un candidato electoral al poder, que supone representar al pueblo y que efectivamente gobierna democráticamente, pero que en realidad responde a una opinión publica dominante que calla y oculta las necesidades reales en una lucha de fuerzas y poder, empobreciendo a pueblos enteros y favoreciendo a pocos. Es así que todo tipo de régimen político se refiere y debe recurrir a la opinión publica para poder gobernar, ya que sin gobernados que le sigan no hay porque gobernar.

El texto de Grossi fundamentalmente nos plantea una disyuntiva en la opinión publica:
“como resultado fijo (o prefijado) y no como motor de la democracia, (y) su papel como “protagonista” o como “victima” de las instituciones que dicen representarla”. De esta manera la opinión publica se puede presentar manipulada totalmente por intereses privados o puede ser el resultado de una real “competición abierta, plural y competitiva”. Pero, en un mundo donde la sed por poder y el ego determinan la forma de vida, será posible pensar que la opinión publica no sea manipulada por las instituciones que la manejan a favor de su interés particular, o es esto una simple ilusión parte de esta manipulación bajo la bandera de la democracia. ¿cómo sabemos cuan manipulada puede ser la opinión pública en un sistema democrático que proclama no manipularla? Es un dilema que hace falta desarrollarlo y repensarlo desde distintos puntos de vista para llegar a develar la complejidad y las fuerzas que realmente están detrás de la opinión pública.


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