Marcia Noemí Christiansen
La fobia más grande que tienen los seres humanos, es el miedo a quedar mal en público, se la conoce como oprobio; recuero esto, al leer Elizabeth Noëlle-Neumann quien expone en su teoría, “la espiral del silencio” por el cual dentro de un grupo determinado, aquellos que saben que sus opiniones son minoritarias permanecen callados para no romper el falso consenso, para no disentir.
Considero que esto se debe al afán del ser humano por querer evitar a toda costa el aislamiento o la marginación de la sociedad. La persona es por naturaleza un ser social, y de que sea aceptado o no socialmente depende gran parte de su vida.
Noëlle-Neumann parte de la idea que todos poseemos cierta intuición social que nos permite suponer cuando nuestras opiniones son minoritarias o no. Y como somos seres sociales, repito, buscamos la integración social, por lo que si sabemos que nuestras ideas provocan rechazo no las haremos públicas. Otra razón para que en una deliberación pública no expresemos nuestras ideas es que si creemos que el debate está ganado por nuestros adversarios ¿qué necesidad tenemos de expresar ideas que van a ser rechazadas?
Hay casos en la que la espiral de silencio no funciona y queda rota, un hombre o mujer con personalidad fuerte o independiente no tendrá inconveniente en manifestar una opinión contraria a la mayoría, es más, me atrevo a decir que, hay personalidades que precisamente cuando saben que sus opiniones son minoritarias sienten una iniciativa para manifestarlas.
Las ideas de una persona pueden generarnos rechazo sin que esa persona nos parezca rechazable. Por otro lado, aunque digamos que las ideas diferentes aportan intensidad y riqueza a los debates, no todos creen que así sea, en la práctica muchos siguen considerando que un ataque a sus ideas es un acto malintencionado contra él mismo.
Como había mencionado son las sociedades, las que nos moldean a sus estilos, son ellas las que imponen las reglas que debemos seguir para encajar y de aquí nace una pregunta ¿quién es la sociedad? ¿quién impone las reglas?, fácil, seres humanos, personas que manejan la opinión pública.
Los famosos consensos, se convierten es esas estructuras de poder que intentan fomentar la espiral del silencio, entre los grupos sociales; podemos decir que se manipula a los que integran el grupo, intentando transmitir la impresión que una idea que se considera mayoritaria (lo sea o no) se la deba asumir como válida unánimemente.
Entonces aquí podemos decir que nace una “opinión pública”, ya que tendremos un gran número de personas que hace propio una idea, considerándolo verdadero, idea que perteneces a ciertas personas y grupos, que gozan de especial autoridad cultural, científica o moral, que piensan y dicen aquello.
Es decir la espiral del silencio podría explicarse como el proceso por el cual una mayoría se inhibe y calla ante los que expresan abiertamente y defienden confiadamente una opinión minoritaria, porque están convencidos de que es adecuada y piensan que acabará siendo aceptada por todos, haciendo que ésta parezca más fuerte de lo que realmente es, hasta llegar a ser dominante.
Debería considerarse la grave responsabilidad de aquellos que por su cultura y su prestigio forman la opinión pública o influyen en alguna medida en su formación.
Y aquí toco el tema de los medios de comunicación, y su papel en la sociedad, donde considero mantienen una función de articulación ya que la mayoría de las veces son los referentes que suministran a las personas las palabras, los argumentos y hasta los gestos que pueden utilizar para defender un punto de vista. Son estos los que repiten las ideas de una tendencia, mientras que las personas, los ciudadanos, terminan creyéndola. Entonces, esto da seguridad para expresarse a los que concuerdan con los medios, pero los que tenían ideas y posturas diferentes, comienzan a dudar de sus criterios (ya que no son los que los medios transmiten) y entonces entran a la espiral del silencio. Se callan o aprueban y hasta llegan a defender la idea con la que no están de acuerdo, pero que es pública.
Vuelvo al inicio, considero que la espiral del silencio es la causante que las personas tiemblen muchas veces, cuando suben a un escenario, para expresarse al frente de otros, ya que el quedar mal, les resultaría rechazo, burla y hasta aislamiento en el grupo social que se desenvuelve.
Después de revisar la teoría de Elizabeth Noëlle-Neumann, es obligación resaltar la importancia de establecer un compromiso firme entre nuestras ideas y nosotros; manteniendo siempre la distancia entre lo personal y lo ideológico. También nos invita a ser prudentes cuando se nos presenta un consenso como “ya dado”, de un modo u otro esta actitud suele encubrir el deseo de fomentar la aquiescencia del silencio cauteloso.
En fin, que no siempre el que calla otorga, así que es mejor no callar.
Considero que esto se debe al afán del ser humano por querer evitar a toda costa el aislamiento o la marginación de la sociedad. La persona es por naturaleza un ser social, y de que sea aceptado o no socialmente depende gran parte de su vida.
Noëlle-Neumann parte de la idea que todos poseemos cierta intuición social que nos permite suponer cuando nuestras opiniones son minoritarias o no. Y como somos seres sociales, repito, buscamos la integración social, por lo que si sabemos que nuestras ideas provocan rechazo no las haremos públicas. Otra razón para que en una deliberación pública no expresemos nuestras ideas es que si creemos que el debate está ganado por nuestros adversarios ¿qué necesidad tenemos de expresar ideas que van a ser rechazadas?
Hay casos en la que la espiral de silencio no funciona y queda rota, un hombre o mujer con personalidad fuerte o independiente no tendrá inconveniente en manifestar una opinión contraria a la mayoría, es más, me atrevo a decir que, hay personalidades que precisamente cuando saben que sus opiniones son minoritarias sienten una iniciativa para manifestarlas.
Las ideas de una persona pueden generarnos rechazo sin que esa persona nos parezca rechazable. Por otro lado, aunque digamos que las ideas diferentes aportan intensidad y riqueza a los debates, no todos creen que así sea, en la práctica muchos siguen considerando que un ataque a sus ideas es un acto malintencionado contra él mismo.
Como había mencionado son las sociedades, las que nos moldean a sus estilos, son ellas las que imponen las reglas que debemos seguir para encajar y de aquí nace una pregunta ¿quién es la sociedad? ¿quién impone las reglas?, fácil, seres humanos, personas que manejan la opinión pública.
Los famosos consensos, se convierten es esas estructuras de poder que intentan fomentar la espiral del silencio, entre los grupos sociales; podemos decir que se manipula a los que integran el grupo, intentando transmitir la impresión que una idea que se considera mayoritaria (lo sea o no) se la deba asumir como válida unánimemente.
Entonces aquí podemos decir que nace una “opinión pública”, ya que tendremos un gran número de personas que hace propio una idea, considerándolo verdadero, idea que perteneces a ciertas personas y grupos, que gozan de especial autoridad cultural, científica o moral, que piensan y dicen aquello.
Es decir la espiral del silencio podría explicarse como el proceso por el cual una mayoría se inhibe y calla ante los que expresan abiertamente y defienden confiadamente una opinión minoritaria, porque están convencidos de que es adecuada y piensan que acabará siendo aceptada por todos, haciendo que ésta parezca más fuerte de lo que realmente es, hasta llegar a ser dominante.
Debería considerarse la grave responsabilidad de aquellos que por su cultura y su prestigio forman la opinión pública o influyen en alguna medida en su formación.
Y aquí toco el tema de los medios de comunicación, y su papel en la sociedad, donde considero mantienen una función de articulación ya que la mayoría de las veces son los referentes que suministran a las personas las palabras, los argumentos y hasta los gestos que pueden utilizar para defender un punto de vista. Son estos los que repiten las ideas de una tendencia, mientras que las personas, los ciudadanos, terminan creyéndola. Entonces, esto da seguridad para expresarse a los que concuerdan con los medios, pero los que tenían ideas y posturas diferentes, comienzan a dudar de sus criterios (ya que no son los que los medios transmiten) y entonces entran a la espiral del silencio. Se callan o aprueban y hasta llegan a defender la idea con la que no están de acuerdo, pero que es pública.
Vuelvo al inicio, considero que la espiral del silencio es la causante que las personas tiemblen muchas veces, cuando suben a un escenario, para expresarse al frente de otros, ya que el quedar mal, les resultaría rechazo, burla y hasta aislamiento en el grupo social que se desenvuelve.
Después de revisar la teoría de Elizabeth Noëlle-Neumann, es obligación resaltar la importancia de establecer un compromiso firme entre nuestras ideas y nosotros; manteniendo siempre la distancia entre lo personal y lo ideológico. También nos invita a ser prudentes cuando se nos presenta un consenso como “ya dado”, de un modo u otro esta actitud suele encubrir el deseo de fomentar la aquiescencia del silencio cauteloso.
En fin, que no siempre el que calla otorga, así que es mejor no callar.
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