lunes, 18 de enero de 2010

¿Y AHORA QUÉ?

Por Marcia Christiansen Barberán

Copenhague (Dinamarca) recibió a representantes de los 192 países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y a miles de expertos en clima, con el objetivo de establecer las acciones que se tendrían que poner en marcha para reemplazar los del Protocolo de Kioto, que termina en 2012.

La cita, en la cual los habitantes del planeta Tierra tendrían puesta sus expectativas, se desarrolló en un clima tenso, donde la ideología y la economía se sobrepusieron a la importancia de salvar la casa que habitamos.

Una reunión que terminó con una declaración política sin carácter obligatorio, sin establecer responsabilidades, para que las naciones en su afán de seguir creciendo, cuiden el ambiente, de donde toman los recursos.

Países que hoy se mantienen en los primeros puestos, por su economía, y los del otro extremo, los que tratan a diario de alcanzar un desarrollo, no importa a costa de qué, se enfrentaron, sin ceder posiciones, sin darse la mano y caminar juntos, pensando que sin un hogar, ya no importaría ser pobres o ricos, no habría donde vivir.
Es frustrante. Nosotros, personas comunes, que viendo nuestro alrededor nos damos cuenta que las cosas, no están bien, sequías, inundaciones, incendios, tsunamis, terremotos, huracanes… fenómenos naturales que cada vez, aparecen en lugares y en tiempos, menos pensados, acabando con millones de seres humanos. Es una alerta.

En la actualidad, la población humana alcanza los 6 mil millones de habitantes, el cuarenta por ciento de la tierra es trabajada, el consumo de agua y de energía se ha multiplicado; muchos de nosotros accedemos a los servicios básicos con los que sueñan los seres humanos de Asia, África o zonas de Sudamérica. Por tanto, una cosa debemos tener clara, el cambio climático es un problema que nos afecta a todos, quizás de manera desigual, pero a la final, todos vamos a terminar pagando, el que hoy no se tomen medidas, para frenar la contaminación.

Considero que los representantes de los países, sólo están tomando en cuenta, el costo económico que pueda significar aplicar nuevas tecnologías que cuiden el ambiente o el reducir las emisiones de gases contaminantes; pero no se dan cuenta, parece, que la huella que el ser humano está dejando, por su ambición, está a la vista, matando lo natural, lo mismo que nos da la vida.

Pero y ahora ¿qué? me pregunto yo. Qué vamos a hacer como seres que habitamos este planeta, ¿qué vamos a hacer?, la cuenta regresiva ya empezó, y es hora de sumarnos a las miles de acciones que contribuyen para que la Tierra respire un poco. Debemos primero asentar nuestro compromiso con nosotros mismos, reflexionemos, considero que no es difícil hacerlo, si la Tierra colapsa, ¿Dónde vamos a vivir?, es así de fácil. No tenemos otra opción que actuar, tomar las riendas y mostrarle a los representantes de los países que esto no debe ser una cuestión política, sino más bien que ellos se den cuenta que esto es vital, no hay otro camino, o nos ponemos en marcha para salvar al planeta o nuestros hijos, sentirán más fuerte las consecuencias que nosotros estamos dejando en al actualidad. Yo no quiero estar del lado de los culpables de acabar con lo que la naturaleza nos ha obsequiado, quiero ser parte del cambio, y te invito a ti a sumarte.
Acciones que parecen nada, pero que a la final nos beneficiarán todos. Reciclar, ahorrar energía, desconectar los aparatos que no se utilicen, cuidar el agua, hay miles de actos que a diario contribuirían para que el planeta respire, aunque sea un poco.

Aunque en Copenhague los acuerdos hayan sido mínimos, debemos estar atentos, porque las soluciones están en cada uno de nosotros, y depende del mundo en general, salvar la Tierra.

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