lunes, 18 de enero de 2010

COPENHAGUE, UN MITO DE SALVACIÓN

Por Belén Reinoso Ávalos

La cumbre que se llevo a cabo en Copenhague, es el fiel reflejo de que el planeta Tierra y sus habitantes piden una rápida solución para el cambio climático; el calentamiento global; el deshielo de los polos y otras tantas afecciones causadas por la falta de conciencia social y la incontrolable industrialización. Después de que el tratado de Kioto no haya arrojado respuestas favorables, los países que representan a las potencias industrializadas, quienes además son los causantes de la elevación de temperaturas y gases de invernadero han preferido no pronunciarse, dejando así de lado los muchos de los objetivos cumbres que trató de conseguir Copenhague. Entre ellas un recorte de al menos 25 por ciento de CO2 para 2020 que sea obligatorio, medible y verificable, el establecimiento de un fondo de adaptación rápido de al menos US$10.000 millones por año y un fondo de adaptación a largo plazo de US$100.000 millones para 2020 y un compromiso de las naciones en desarrollo más grandes de reducir sus emisiones.
Este claro e inminente fracaso, de las negociaciones, son el resultado de la influencia del poder económico que dichos países mantienen sobre todos los organismos internacionales, las mesas de tratado y de diálogo, los organismos de control y mediación y ahora las cumbres, que con una camuflada conciencia social, tratan de proyectar el futuro del planeta, desde mediadas que deben cambiarse en la actualidad.
Se pretendía que en la cumbre de Copenhague, los principales países causantes del mal inminente que hoy asecha al planeta, retribuyan de cierta manera el daño ambiental causado desde sus naciones y sobre todo aquel daño causado a las naciones en vías de desarrollo. Pero ¿De qué manera va a ser esto posible, si no se concretaron dictámenes obligatorios, o principios sancionadores?, de ninguna manera claro está, puesto que todos los compromisos quedaran en palabras o en sínicas burlas, como es el caso China. Estados Unidos mientras tanto se comprometió en reducir sus emiciones en 17% para el 2020, esto sería posible solamente si trasladan su problema a muchos de los países en vías de desarrollo, que venden su medio ambiente a cambio de una irrisoria ganancia.
Finalmente es realmente defraudante darse cuenta que el problema ya dejó de ser un mal lejano, para convertirse en una enfermedad presente que de manera apresurada termina con el planeta, el único planeta que tenemos. No es sino de darse cuenta de los cambios que sufrimos en este invierno ecuatoriano, puesto que en meses de lluvia, solamente tenemos sequías y elevadas temperaturas, ya es hora de retirar el telón de la supuesta normalidad, para que nos demos cuenta del deshielo, la migración de especies, las sequias o inundaciones torrenciales. El planeta dice basta y no es suficiente con el compromiso de las grandes potencias sino también es momento de poner de parte para que en cada una de nuestras acciones, se refleje nuestra importancia por el ambiente y sobre todo para tener un planeta digno que heredar a las generaciones venideras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario